Ponferrada, 05 de septiembre de 2022

Presentación del libro Arde León. Los incendios en su historia, de José A. Balboa de Paz. Editorial Eolas, León, 2022.

Museo de la Radio, presentacion arde leon 06 09 2022 19 hImagen en alta resolución. Este enlace se abrirá mediante lightbox, puede haber un cambio de contextopresentacion arde leon 06 09 2022 19 h6 de septiembre de 2022, a las 19 horas.

Los incendios forestales de este verano, que han arrasado montes, campos de cultivo, casas y que, incluso, se han cobrado alguna muerte, ponen de manifiesto un problema multisecular, que se agrava como consecuencia del abandono de los pueblos, el cambio climático y los escasos medios que las administraciones dedican a combatirlos antes de que se produzcan. Tales incendios son una plaga que nos desasosiega; pero no han sido los únicos que a lo largo de la historia han sufrido las gentes de nuestra provincia, que con frecuencia han visto sus pueblos arrasados, sus iglesias y monasterios incendiados, y sus campos y fábricas pasto de las llamas.

El fuego, una de las mayores conquistas del hombre, muestra con demasiada frecuencia la cara horrible de los incendios, que son fuegos descontrolados y destructivos. La historia de estos está por hacer y que son escasas las publicaciones sobre ellos. Con excepción de los dedicados a los forestales, los libros sobre esta temática se cuentan con los dedos de una mano. Sin embargo, los incendios han sido omnipresentes en la historia, tanto los domésticos (de domus, casa y todo el ámbito domesticado que incluye pueblos y bosques) como los bélicos; en uno y otro caso, unos fortuitos (por causas muy diversas: el hogar, la calefacción, los sistemas de iluminación), otros provocados, pues con frecuencia han sido un arma de guerra con la que someter al contrario.

El libro es bastante novedoso en la historiografía española, pero a partir de ahora no será el único por el interés que este tema suscita. En el libro se estudian más de trescientos incendios, de los que aproximadamente doscientos fueron de pueblos (dejo al margen los incendios de casas individuales), unas veces como consecuencia de guerras de conquista, por los pueblos que invadieron la provincia (romanos, germanos, musulmanes, portugueses y franceses), y enfrentamientos sociales, civiles o ideológicos (luchas nobiliares, guerra irmandiña, Comunidades, carlismo y Guerra Civil); otras por azar o negligencia debido a las peculiaridades del tipo de poblamiento y vivienda de nuestra provincia.
El resto, en torno a cien, se refiere a los provocados o fortuitos que afectaron a monasterios e iglesias, castillos y palacios, archivos y documentos, fábricas y minas. De estos solo quiero recordar los que sufrieron los monasterios de Sahagún (883, 987, 1232, 1675, 1769, 1809, 1835), Espinareda (h. 1270 y 1500), Carracedo (1809), Nogales (1814) o Villoria (1665 y 1986); los palacios de los marqueses de Astorga (1609) y el del obispo (1886), el de Villasinta (1907); la catedral de León (1966); el barrio de San Martín que dio origen a la Plaza Mayor de León (1654 y 1695), por citar algunos. Por supuesto, también los incendios en la industria y forestales, cuyo incremento en los últimos cincuenta años es evidente y alarmante, signo del cambio climático, pero también de una política que vacía los pueblos y solo se acuerda del monte cuando arde.

El libro se inicia con un capítulo en que se analizan las causas de los incendios y de su propagación, y termina con otro en que se estudia la lucha contra el fuego: las traídas de aguas, las ayudas a los afectados, la creación en el siglo XIX de las compañías de seguros y, en relación con la Sociedad de Seguros Mutuos de Incendios de Casas de León, la puesta en marcha del primer cuerpo de bomberos en la capital en 1833, que sería municipalizado en 1920. A este siguió en 1954 el de Ponferrada, ubicado en el edificio del Ayuntamiento hasta que en 1956 pasó a los bajos del Instituto Gil y Carrasco y en 1960 a un local de la calle Ancha. Posteriormente, en 1982, se trasladó a Fuentesnuevas y recientemente se ha construido un nuevo parque de bomberos en Compostilla, donde antes estuvo la Montaña de Carbón, inaugurado en 2009.

Arde León no solo es un libro sobre los incendios de la provincia, es también una historia de León a través de los incendios, una apasionante historia de León, ya que cada uno de sus capítulos se enmarca en las coordenadas históricas que permiten comprender tales sucesos. No es por tanto una simple sucesión de hechos tristes, mejor o peor documentados, sino una profunda reflexión de por qué ocurrieron y, en muchos de ellos, de quienes los provocaron y porqué. En ese sentido, el libro trasciende la propia historia provincial, pues da algunas claves para entender, desde la perspectiva de tales sucesos, la propia historia de España que, por desgracia, ha sufrido demasiados incendios, muchos fortuitos, sin duda; pero también otros provocados por guerras y enfrentamientos civiles.

Para terminar este breve comentario de un libro de 666 páginas, en la que no puedo citar los ocurridos en la historia leonesa, y ni siquiera en la del Bierzo, sí lo haré con los sufridos por Ponferrada y su municipio. Entre ellos el de 1622 en que ardió la calle del Paraisín, como refleja el cuadro de Juan de Peñalosa; o el de 1779 en que se quemaron 33 casas y 75 pajares y bodegas. Por esos siglos El Acebo sufrió un incendio en 1645 que afectó a dos terceras partes, y otro en Villanueva de Valdueza, en 1660, que redujo a cenizas casi todo el pueblo. Posteriormente, el de San Cristóbal, de 1849, destruyó la mayor parte de sus casas, y en el de San Esteban de Valdueza, de 1877, solo se salvaron de las llamas 8 casas. El barrio de San Andrés ardió en 1877 y en 1914 ocurría otro tanto en Dehesas. Esto por no hablar de los incendios del patrimonio, por causas en las que no puedo entrar, como el monasterio de Montes (1847), el convento de San Agustín (1835), el colegio pasionista (1931), la antigua iglesia de San Pedro (1936), etc.