Esta es la realización de una confesión, sincera, profunda y existencialista, de un hombre decidido a poner fin a su vida. En el texto se desgranan las preguntas esenciales de la vida, el amor, la sociedad, el trabajo, el dinero, la moral y el placer con toda la sinceridad que le otorgaba su última voluntad. Al día siguiente de terminar el libro, en noviembre de 1925, Roorda se suicidó.

Su testamento filosófico sorprende por tratarse de un texto que no sólo habla con vigencia de aspectos fundamentales de la vida actual, sino porque a pesar de la perspectiva de su inmediato suicidio, el discruso de Roorda es vitalista y solidario.

// INTERPRETES: Mario Gas // DIRECCION: Fernando Bernués